Contra el oídio, no afloje la presión

Contra el oídio, no afloje la presión
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Contra el oídio, no afloje la presión
2024-06-24
Plantas


El oídio causa estragos en las explotaciones vinícolas y de cereales. Para limitar la presión, es indispensable una gestión integrada de las plagas y alternar los tratamientos, a riesgo de ver muy afectada la calidad de los productos.
 

La presencia del oídio varía de un año a otro, de una región a otra y de un cultivo a otro. A diferencia de otros hongos, como el mildiu o la podredumbre negra, el oídio no necesita lluvia para desarrollarse. Lo único que necesita es la humedad del aire (idealmente del 80%, pero puede sobrevivir incluso a niveles mucho más bajos). En los últimos años se ha observado su presión tanto en el trigo como en la vid.



Tendencias en los últimos años.


Al igual que para otros micelios, 2022 fue un año bastante desfavorable para el oídio debido a la sequía. Sin embargo, los agricultores también tuvieron que hacer frente a otras dificultades, como el estrés hídrico. En cambio, años muy húmedos como 2021 favorecieron al hongo blanco. En 2023, la presión fue relativamente moderada, sin embargo, fue necesario controlarla para mantenerla bajo control y evitar una explosión.



¿Cuáles son los síntomas?


Este hongo blanco es difícil de detectar en las hojas. Inicialmente aparece como pequeñas manchas brillantes. Posteriormente, la infección de la planta provoca la deformación y decoloración de la lámina foliar, colonizando finalmente toda la planta y dándole un aspecto polvoriento y blanco grisáceo. En esta fase, la fotosíntesis ya no puede realizarse correctamente y la producción de los frutos se ve afectada. Desde la primavera hasta el otoño, cuando las temperaturas oscilan entre 15 y 25 °C, pueden producirse numerosos ciclos de contaminación.
 



La vigilancia es vital.


Estas medidas preventivas no garantizan la ausencia total de oídio. Para evitar sorpresas desagradables, la vigilancia es esencial. Al inspeccionar los cultivos, cualquier mancha blanca pulverulenta en las hojas, los tallos o las flores debe alertar. Durante esta primera fase de contaminación, la enfermedad aún puede controlarse. Se pueden aplicar varios tratamientos curativos (además de medidas preventivas para limitar la propagación
 

Esta vigilancia es especialmente crucial en viticultura, donde el oídio puede afectar rápidamente a la calidad de las uvas. Basta con que una pequeña proporción de racimos se vea atacada para que se aprecien defectos organolépticos importantes, ¡por eso es tan importante intervenir lo antes posible!

 

Contra el oídio, no afloje la presión.


El oídio causa estragos en las explotaciones vinícolas y de cereales. Para limitar la presión, es indispensable una gestión integrada de las plagas y alternar los tratamientos, a riesgo de ver muy afectada la calidad de los productos.
 

La presencia del oídio varía de un año a otro, de una región a otra y de un cultivo a otro. A diferencia de otros hongos, como el mildiu o la podredumbre negra, el oídio no necesita lluvia para desarrollarse. Lo único que necesita es la humedad del aire (idealmente del 80%, pero puede sobrevivir incluso a niveles mucho más bajos). En los últimos años se ha observado su presión tanto en el trigo como en la vid.



Tendencias en los últimos años.


Al igual que para otros micelios, 2022 fue un año bastante desfavorable para el oídio debido a la sequía. Sin embargo, los agricultores también tuvieron que hacer frente a otras dificultades, como el estrés hídrico. En cambio, años muy húmedos como 2021 favorecieron al hongo blanco. En 2023, la presión fue relativamente moderada, sin embargo, fue necesario controlarla para mantenerla bajo control y evitar una explosión.



¿Cuáles son los síntomas?


Este hongo blanco es difícil de detectar en las hojas. Inicialmente aparece como pequeñas manchas brillantes. Posteriormente, la infección de la planta provoca la deformación y decoloración de la lámina foliar, colonizando finalmente toda la planta y dándole un aspecto polvoriento y blanco grisáceo. En esta fase, la fotosíntesis ya no puede realizarse correctamente y la producción de los frutos se ve afectada. Desde la primavera hasta el otoño, cuando las temperaturas oscilan entre 15 y 25 °C, pueden producirse numerosos ciclos de contaminación.




La vigilancia es vital.


Estas medidas preventivas no garantizan la ausencia total de oídio. Para evitar sorpresas desagradables, la vigilancia es esencial. Al inspeccionar los cultivos, cualquier mancha blanca pulverulenta en las hojas, los tallos o las flores debe alertar. Durante esta primera fase de contaminación, la enfermedad aún puede controlarse. Se pueden aplicar varios tratamientos curativos (además de medidas preventivas para limitar la propagación
 

Esta vigilancia es especialmente crucial en viticultura, donde el oídio puede afectar rápidamente a la calidad de las uvas. Basta con que una pequeña proporción de racimos se vea atacada para que se aprecien defectos organolépticos importantes, ¡por eso es tan importante intervenir lo antes posible!